La Gran Ola de Kanagawa es un grabado del artista japonés Katsushita Hokusai. Se trata de la musical representación de un mar bravo. La cresta de la ola se divide irregularmente en otras pequeñas olas. Todo está proporcionado dentro del caos de este Tsunami. Se trata de música en imágenes. La obra está basada en Fractales, un algoritmo matemático donde las figuras o sonidos surgen de la repetición de la misma pauta a distintas escalas. Así, los Fractales están relacionados con lo que llaman el Efecto Mariposa, las alas que son batidas en algún lugar del mundo pueden generar cualquier tipo de cosas en un lugar lejano.
Una mariposa, una ociosa mariposa, batió sus alas en Japón y acá en Colombia surgió Mauricio&palodeagua; así surgió, todo pegado y malformado, como si no tuviera apellido. Si al tipo lo entrevistan, se refieren a él como Mauricio&palodeagua, como si fuese un ente multipersonal con cédula de ciudadanía; es como si por ejemplo dijéramos: cómo está señor Carlosvivesylaprovincia; quién es, al parecer, el núcleo de nuestra deducción fractal. Todos sabemos que esta ola musical arropada bajo la humillante etiqueta del Tropi-Pop, es hija de Vives; aunque intuyo que la música del papá es al menos más decente que la de sus hijos, hijos que seguramente nacen de la cópula de músicos de rock fracasados por la falta de talento y un día enguayabados escuchando Clásicos de la Provincia.
La deducción arroja sus primeras luces
Ya sabemos porque no tiene apellido: se trata de un hijo bastardo, ilegítimo, tal vez, parido de un incesto, deforme. De todas maneras resulta curiosa la gran aceptación que tiene esta música. Todo el mundo sabe que en la cresta de esta ola no hay grandes cantantes, ni mucho menos arreglistas creativos, y claro está, jamás, melodías decentes; sin embargo, hay quienes descubren en ese ritmo, cierta calidez, una relativa aura artística.
Mauricio, hijo de Carlos, engendró a Bonka; Bonka, hijo de Mauricio, engendró a Tinto… y así hasta el fin de la música, hasta que desaparezca, amén. Todo esto nos lleva a una paradoja: los Fractales, ya sabemos, son algoritmos matemáticos y la proporción musical es dictada por la matemática; entonces, por qué este engendro de la naturaleza, nacido en medio de deducciones, hace tan malas canciones, siendo sus álbumes tan formulaicos, tan ceñidos por una lógica musical-matemática. Se trata, claro, de una fórmula en su más baja expresión. No entiendo en que dirección van los fractales ahora, tal vez voy por el camino equivocado, tal vez hay que tomar un orden descendente, lo cual me lleva a mirar en la dirección opuesta, ya no se trata de quién engendró a Mauricio&… sino qué, y me voy por el camino del baile.
¿Es música hecha para bailar?
No creo. Pienso ahora en el baile en Bogotá, en como se baila en Bogotá, donde la danza no es precisamente una virtud, donde se baila como si se tuviera una sola pierna y se pensara en un partido de rugby. Miren hasta donde me trajo la bendita matemática. La génesis de Mauricio&… está entonces en el baile; sí, tal como lo oyen, se trata tal vez del primer experimento en la historia universal donde el baile genera composiciones musicales, con un fin especifico y no al contrario. Si escuchamos por ejemplo Canto Caribeño, nos damos cuenta de sus letras y ritmos castrados, mutilados. “Con las palmas voy siguiendo el ritmo exacto, pa' entonarte siempre el canto caribeño”; ritmo exacto dice el man, lo que quiere decir una sola cosa, que están hechos para bailar solo de una forma, de la manera en que se baila en la capital.
Estos ritmos amorfos están hechos para que los bailadores crean en una ilusión, una realidad virtual, más exactamente, es como si entraran en un simulador de baile virtual, cuyos procesos (los de los simuladores reales) se basan en algoritmos fractales. ¡Hasta donde hemos llegado!, o sea, se trata de canciones terapéuticas, hechas para la minusvalía rítmica, manuales de superación personal en forma de disco compacto. Algún merito tenia que tener el tipo ¿no?
Pero los fractales nunca se detienen, son la paradoja del infinito, por lo tanto tengo una nueva pregunta, sí esta música es hecha para minusválidos, para tullidos, como es mi caso, (doblemente tullido porque soy costeño), que no soy capaz de bailar un trance bajo las luces estroboscópicas, que todo lo arreglan, ¿por qué, desde mi discapacidad, no puedo ni por un segundo disfrutar esta cosa?, porque me imagino que su poder curativo trasciende los gustos. No creo que yo sea inmune, que no surta efecto en mi, supongo que no pasa nada porque se trata de una música muy mala, donde la letra de Canto Caribeño más que un homenaje al caribe, suena como un cachaco arrodillado, renegando de sus raíces, ofreciendo tantos clichés (… que me inspira con el alma e’ parrandero con las congas, los timbales, panderetas, acordeones, guacharacas y trompetas), que suena más como una publicad turística; porque es una música perezosa, sin talento, sin alma, sin empeño, que escapa a los fractales, que son la misma naturaleza hecha movimiento y proporción.
Entonces, no existe relación con la mariposa que batió las alas en Japón, es tal vez la única cosa en el mundo que no tiene nada que ver con esa mariposa amarilla, es la contraparte dañina de La Gran Ola, de algo que no se sabe como existe; se trata, palabras más, palabras menos, de una aberración, de ese tipo de cosas que nacen de una apendicitis, de un colon inflamado y de ahí del colon, van a parar al excusado, dividiéndose en pequeños fractales, que ojala, desaparecieran en el infinito.
JUAN JOSE CASTILLEJO MARTINEZ
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